miércoles, 22 de octubre de 2008

Nos presentamos

En fin, lo que no se va en lágrimas se va en suspiros, y no había escrito antes porque era más de lo mismo: N llorando para entrar, G y S con sus problemas de lectura, A sigue distrayéndose cuando trabajo con N y Y y T pues con sus peleas de hermanas que las trasladan al colegio. Y yo dando las mil y una vueltas ingeniándomelas para que todo esto salga adelante. Y en algunas cosas lo he conseguido y en otras no, pero ya les contaré. El único que va mejorando dentro de lo que caba y con su dificultad añadido, es R que cada día me sorprende más.
Pero bueno, en realidad hoy les voy a presentar a los chicos y yo misma.
Pero vamos a lo que vamos, aquí les presento a:

Esta es N. Como comprenderán no es exactamente igual, pero se parece mucho. Le gusta desayunar un jugo de melocotón en el recreo y pocas veces se termina de comer todas las galletas, aunque lleva ya dos días que se las come todas. Sorprendidita que me tiene.
También le gusta jugar con el resto de niños del cole Ella siempre es la hija de alguien o la alumna.
Además, ahora tiene un muñeco en clase que la está ayudando a entrar por las mañanas y parece que va funcionando porque lleva toda esta semana entrando sin llorar (¡Bieeen!).

Este es S. Lo que más le gusta a S del mundo mundial es hacer travesuras. Le encanta escuchar a los que chincha cuando protestan y si dijera que el ojo le brilla de manera especial cuando está en pleno apogeo, no me creerían. Pero es cierto, no puede evitar sonreírse cuando le está chinchando a G, por ejemplo, que son de la misma edad y están sentandos juntos. Pero aun así es un niño bueno, de buenos sentimientos, despierto y vivaracho y quieras que no eso le alegra la vida a cualquiera. ¡¡Por lo menos te hace sentir vivo mientras le estás regañando porque estuvo jugando con el agua y tiene la camisa empapada!!

Esta es G. Últimamente está un poco mimosita y no para de venir corriendo, con lagrimones en los ojos y dicieno:
- ¡Profeeee! S me dio una patada y me dolió mucho.
- Defiéndete G. Ya sabes que a S le gusta ecucharte.
- Es que me da pena pegarle.
- Sí, porque tú eres un poquito más buena que S, pero tienes que defenderte tú porque si no nunca te harás respetar si vienes todo el rato a buscarme a mí. Cuando tú empieces a defenderte él te cogerá respeto y no te pegará más.
- Vale.
Y se va, no muy convencida de lo que le expliqué.
Eso sí, lo que menos le gusta a G del mundo mundial es hacer copias. Lo odia tanto que cada vez que tiene que hacer una le duele la cabeza, o la barriga, o la pierna "aquí"... y se puede tirar hooooooras para copiar 5 líneas. Pero poquito a poco lo va superando.

Este es R. Y aunque él es un poquito más alto que el dibujo, creo que se parece bastante. Le he puesto un robot como cosa favorita porque le gusta mucho fabricarlos con un mecano que hay en clase o pintar dibujos de robots. Pero en realidad lo que m´s le gusta a R es jugar con videoconsolas y con el ordenador. Esto nos crea problemas porque él tiende a evadirse y la verdad que este tipo de juego no le ayuda mucho, pero poco a poco estamos convenciando a la familia de que le acorte el rato de este tipo de juegos y le aumente el rato de juegos con los demás niños. De resto, R es un niño que está haciendo grandes progresos en clase, me tiene realmente contenta y él lo nota, lo que le estimula a no evadirse tanto cuando está en clase. Está claroq ue la actitud de los profesores influye mucho, yo diría demasiado, en la actitud y comportamiento de los niños.

Y aquí está A. Le he puesto la colchoneta de playa porque en vacaciones suele ponerse negra como un tizón.
Actualmente lleva gafitas, pero no se las he puesto porque es una coqueta auqnue a mí me gusta mucho cómo le quedan. Es muy lista, pero es también muy despistada. Soy de la opinión que los más listos suelen ser los más despistados, quizá porque tienen muchas cosas metidas en la cabeza o porque la cabeza les va tan rápido que hay cosas que las pasan de largo. De todas formas tiene un pequeñito problema, le gusta mucho mirar para lo que hace N y no atiende a lo que debe hacer ella y eso la retrasa en sus tareas de clase y por eso la pobre se tiene que llevar un montón de tarea para casa.
Es muy divertida y la risa es más que contagiosa. Es una romanticona y le gusta ver a la gente bien vestida, por supuesto ella no va a ser menos, aunque cuando va al colegio siempre va cómoda: con pantalón de chandal o bien un traje vaquero en forma de peto o bien algún "leggin" con camisetas.

Si A es coqueta, Y se lleva la palma. Es tan coqueta que también lleva gafas y se las quita para sacarse fotos o simplemente si tiene que salir con los demás niños para la fiesta del pueblo tampoco se las pone. Como ven es rubia y le encanta los gatos. Es flaca y alta y también muy alegre. Siempre está "haciéndome rabiar" porque empieza diciendo con cara de "no me pelees":
- Profe, ayer no hice la tarea. - Y te mira con la boca torcida hacia abajo, intentando disimular una sonrisa y mirándote por encima de las gafas.
- Ah, pues ya sabes, te quedas sin recreo y la haces en clase.
- Noooooo que es broma - dice sonriendo de oreja a oreja.
- Pues te quedas sin recreo igual por decir mentiras. - Le digo para ver la cara que pone de sorpresa, evidentemente la estoy chinchando un poco y no puedo evitar sonreírme cuando me dice con los ojos desorbitados...
- ¡Joooooo profeeeeeee! Era bromita, sí la hice mira.
Y riéndome con ella nos sentamos en mi mesa para corregirle la tarea.

Y esta es T. Es la mayor de los 7 y eso se nota. Como ven le gusta mucho la Nintendo aunque intento que no juegue tanto. Sin embargo lo que más le gusta es hacer de "hermana mayor" con los niños pequeños. Le encanta estar con N, bueno a todos, y siempre hace de "mamá" o de "profe" cuando juegan en el recreo. Sabe que es la mayor y que tiene que dar ejemplo, así que se esfuerza mucho por intentar ser un modelo a seguir. La verdad es que me ayuda muchísimo, hoy por ejemplo estuvo con N ayudándola en la hora de plástica mientras yo explicaba a los demás las láminas que debían hacer.
El problema de T es su razonamiento, me da mucha pena porque auqnue se le explica las cosas una y mil veces, se le olvidan, no sé si porque no está prestando atención o porque realmente tiene algún problema de memorización. Lo cierto es que eso la retrasa en su aprendizaje. Pero también he de decir que este año está haciendo bastantes progresos, eso sí, cuando pone a funcionar su cabecita y se centra lo suficiente para atender a lo que le estoy explicando y luego aplicarlo. Sinceramente me preocupan sus problemas de atención y razonamiento porque son cosas que le harán falta tanto para la vida académica como para la vida escolar.
Y esta soy yo. O al menos algo parecido, aunque a decir verdad el dibujo me favorece bastante pero yo soy algo menos cabezona que no tozuda ¡jajajajajaj!. Entre otras cosas me gusta mucho leer y, evidentemente lo que más es mi profesión. Y lo del jugo en la mano es porque en el recreo suelo tomarme uno para coger fuerzas y terminar el día.
Como ya he dicho antes, el buen humor es esencial a la hora de dar clase. Gastarle bromas a los niños y hacerles reír es una buena terapia para hacerles trabajar. Además, se ríen un rato, nos despistamos todos y luego trabajan más tranquilos y se concentran más fácilmente. Hoy por ejemplo, estaban hablando de cosas típicas de pedos, culos y demás cochinadas, y yo, para no ser menos, les seguía la conversación. Es más, no sólo se la seguía sino que la guiaba. Cuántas más veces decía la palabra "pedo" o "culo" más se reían sin poderse creer que la "profe" estuviera diciendo tales palabras delante de ellos. O por ejemplo jugar con ellos en el recreo, participar de sus conversaciones, ser cómplice... Todo eso hace que, aunque parecza lo contrario, te cojan respeto y te traten como un igual y te incluyan en su pequeño "grupo de tiranos".
Y bueno, yo creo que hoy me he portado bien. Más adelante les enseñaré una foto de la verdadera clase y así poco a poco nos van conociendo mejor. También intentaré poner alguna foto del caminito que tengo que hacer todos los días para que vean lo que es una carretera con curvas (¿les había comentado que hay 234 curvas hasta llegar al colegio?).
Y con esto y más fotos...

lunes, 13 de octubre de 2008

Una semanita difícil.

A ver cómo puedo resumir la semana pasada en unas pocas líneas, porque entre que ya no me acuerdo de algunas cosas y que las entradas parecen ya testamentos, será mejor resumir y hacer las cosas poco a poco. Así que pondré esta entrada de la semana pasada y otra con lo que ha ocurrido hoy martes y ayer. Empecemos...
El lunes N llegó llorando de nuevo, y no sólo eso, esta vez vomitó 2 veces con las consecuentes idas y venidas al baño y fregoteo de todo: suelo, mesa, sillas, pantalones... Y volví a hablar con la madre. La niña lo hace por celos y no le gusta que atienda a otros niños en vez de estar con ella sentada todo el rato, así que a ver cómo me las apaño para que lo entienda y pueda trabajar ella sola y yo hacer mi trabajo.
En segundo lugar están G y S que, aunque G ha mejorado bastante su comprensión lectora, aún se confunde en ciertos fonemas y algo muy curioso, se equivoca mucho con la m y la p. No entendemos por qué, simplemente cuando lee una dice la otra. Tengo preparados para ellos trabajos con fichas de trabadas, prepararé juegos y por supuesto tendremos que leer, en el cole y en casa, porque sin práctica no hay triunfo posible.
Por otro lado está T que sigue muy muy despistada. Se le pasan las horas comiéndose las uñas y mirando a su alrededor a ver quién hace qué, igual que A con la excepción de no comerse las uñas, sino se pasa el rato mirando para N.
Y por último, el trabajo de secretaría, que por una vez en mucho tiempo lo llevo al día, increíble pero cierto. Lo que no llevo tan bien son las programaciones, me cuesta mucho programar para todo un año porque estos chicos son tan variables que si tienes pensado hacer con ellos 3 hojas de mates, otras 3 de cono y otras 3 de lengua... pues te las comes con papas fritas si quieres porque habrán días que hagan 3 y habrán días que hagan 50. Son así.
El miércoles, N no quería entrar en el cole. Estuvo por lo menos una hora llorándole a la madre, aferrada cual garrapata a sus brazos y que no quería entrar. Evidentemente la madre intentaba convencerla, cosa que logró, ya digo después de una hora casi, si no más. Cuando por fin logramos que entrara, tocaba trabajar y aquí es donde viene mi desesperación: o bien atiendo a N por completo, o voy interrumpiendo a N para atender las necesidades de los demás. Y ustedes se preguntarán... ¿por qué no les mandas trabajo a los otros mientras trabajas con N o le das a N un dibujito para que pinte mientras atiendes a los otros? Créanme si les digo que ya lo he hecho. Si les mando trabajo a los grandes para yo poder trabajar con N pueden ocurrir varias cosas:
1) Se ponen a hablar entre ellos y no trabajan.
2) Se quedan mirándonos a N y a mi trabajar y ellos no trabajan.
3) Qué divertido puede resultar un lápiz y una goma para distraerte y no trabajar.
La conclusión está bastante clara: SI LA PROFE NO ESTÁ ENCIMA DE MI YO NO TRABAJO.
Me queda la opción de ponerle trabajo a N:
1) Ella sola no puede trabajar porque le tengo que explicar lo que debe hacer.
2) Si sabe lo que tiene que hacer va a su sitio, lo hace más rápido que yo diga "despacio" y viene con su hoja a mi mesa diciendo "Ya terminé" con los consecuentes rayones donde no deben estar.
3) Tiene el día mimo y se pone a llorar con lo que eso conlleva, y sinceramente, 3 vómitos son suficientes para menos de 15 días.
En fin, ¿qué me queda? Seguir haciendo malabarismos hasta encontrar la combinación adecuada. Aunque tengo varias pistas:
1) Ser amable: Pedirles las cosas a los niños con amabilidad, se puede ser tajante, exigente, serio pero amable. Demostrarles que cuando uno está haciendo las cosas en serio ellos no se lo pueden tomar a broma.
2) Sonreír: Va muy ligada a la anterior, pero cuanto más sonrías y les demuestres que estás de buen humor y que eres paciente, más rápido responden.
3) Felicitarles: Es muy importante decirle a un niño lo bien que está haciendo las cosas, aunque si lo está haciendo mal hay que corregirle, obviamente, si no bien vamos. A lo que iba, si lo está haciendo bien y les ayudamos a llegar a la solución sin decírsela, ellos mismos se van sentir mucho mejor a parte de subirles la autoestima.
4) Demostrarles cariño: Esto puede ser muy complicado en un colegio grande, pero en un colegio como este, en el que las madres vienen y se toman café conmigo, de vez en cuando me regalan vino e higos picos (ya llevo como 5 kilos esta semana) y no sólo me tienen como una profesora sino como alguien que verdaderamente les ayuda con los niños, lo de dar un abrazo o dar un beso en la frente no lo ven tan mal, es más, prefieren que la profesora sea cariñosa a que sea distante y fría. Y a los niños les gusta, excepto a S, que le amenazo con darle un "beso baboso" cuando no esté trabajando, enseguida se pone las pilas.
5) Ser parte del juego: estén jugando a lo que estén jugando, a los niños siempre les gusta que la profe entre en el juego. Muy pocas veces lo hago porque cuando ellos están jugando yo aprovecho para adelantar papeleo, o hacer papeleo totalmente atrasado. Pero las veces que juego con ellos se divierten mucho y yo más.
Y bueno, con esto y unas reflexiones...


domingo, 5 de octubre de 2008

"¡A la rica vomitona para la niña y la maestra!"

Pues sí, llegó la ecatombe al colegio el viernes justo media hora antes de salir. Empecemos por el principio.
Yo no sé qué le pasa a N últimamente, entre que está media malita de mocos, que así me tiene a mí también, y que eso le da por ponerse mimosa, no me deja ni a sol ni a sombra. Y es que me he dado cuenta de eso durante la semana. Cuando me pongo a trabajar con el resto de la clase y a ella la dejo tranquilita en su mesa para que haga la fichita, se pone a mirarme, se le aguan los ojos y como no quiero que llore me siento con ella y de repente se le quita todo. Así que tengo una pequeña manipuladora de sentimientos en clase. Y lo comprobé el viernes. Ya entró llorando, no sé por qué, otra vez está preguntando si "¿espués qué hacemos?" y "¿none está mami?" a lo que yo le respondo que no le voy a repetir más veces lo que vamos a hacer y donde está mami, que eso ella ya lo sabe y que cuando todos nos vayamos para casa ella también se va. Ya por último sólo le decía:
- ¿Tú vas a volver a preguntarme eso?
- No.
- Es que me estás haciendo enfadar. Tú ya sabes esas cosas y cuando todos nos vayamos tú también.
- Vale.
Parece que uno de sus miedos es de quedarse en el colegio sola.
Pues bien, el viernes hice lectura colectiva, demostrándole a G y a S por supuesto que ellos están equivocados porque no sabían lo que leían. En esto me ayudé de las dos mayores y de R que les decía que no les entendía cuando leían. R es el niño con el TGD así que si él se da cuenta pueden comprobar cómo está el patio. Que por cierto, tengo que decirlo, me sorprendió gratamente R al leer porque, aunque silabea entiende perfectamente lo que lee. Así que la vida escolar, como todas las vidas, te da una de cal y otra de arena. Pues sigo. Leyendo todos y demostrándole a G y a S que deben mejorar su lectura comprensiva y que en eso vamos a trabajar este trimestre a piñón, N se pone a moquear. Cómo no, había empezado a llorar de nuevo.
- ¿Qué te pasa N?
- Nada - por supuesto entre sus restregones de nariz.
- Anda ven aquí y quédate tranquilita escuchando a los niños leer.
Se sienta y se le quita todo. Ahí fue donde empecé a darme cuenta que tiene un poco de mimo y que ha suplantado a mami conmigo en el cole, con lo cual, me quiere para ella sola.
Después del recreo viene P, una niña que vive en el pueblo y de 2 añitos que será alumna del cole el año que viene. Por eso la dejo que venga los viernes un ratito a última hora.
- ¡Hola P! Ven y siéntate aquí con N que ahora les doy un dibujito a las dos para que pinten juntas.
Para qué fue eso...
-¡Nooooooooo! ¡Ahí vas tú! Ella no ¿Y tú dónde vas a estar? - Todo esto interpretado claro porque si lo transcribo tal cual no lo entiende ni el más entendido.
- N, no puedes ser egoísta, pobre P ¿no te da pena? Ella viene también a este cole a aprender cosas como tú.
- No - y se me agarra a la mano mientras intentaba decirle a P que se sentara, que pobrecita mía se sentó tranquilita y se cruzó los brazos.
- Espera aquí P que voy a hablar con N. A ver siéntate en tu sitio - le dije a N mientras me sentaba al lado de ella.
- Deja de llorar que no te pasa nada para que llores, quédate tranquilita. No puedes llorar porque P es buena y ella puede venir un ratito a pintar al cole y jugar contigo a la plasti y a la venta.
Ya el llanto en ese momento llegaba a límites tan insospechados, entre los mocos, los gritos y los lagrimones, que no entraba en razón. Se removía en la silla de rabia e impotencia y mientras, yo intentaba tranquilizarla hablándole suavemente, ella intentaba sentarse encima mío pero yo no la dejaba, porque me di cuenta que lo que pasaba era que estaba sufriendo un auténtico ataque de celos. Y...
- Quiero agua.
- Deja de llorar y te doy agua porque si no...
No terminé la frase. Todo lo que había tomado en el desayuno salió a borbotones de su boca bien aderezado con flemas. Su camisa, el pantalón, mis zapatos, mi pantalón, la mesa, el suelo, el pañuelo... Tooooooodo. Y al baño con ella. Le quité la ropita y le pedí a G que la ayudara a cambiarse de braguitas por otras que lleva en la mochila. Le puse un babi que tengo allí para usarlo cuando trabajamos con témpera, le enjuagué la cara y ya se le quitó todo. Le dije que se sentara al lado de P aunque ella opuso resistencia. Entonces tajantemente le dije que no, que se sentara allí que yo tenía que limpiar todo lo que ella había manchado, incluída yo. Evidentemente desde las 12 y media hasta las 2 estuve limpiando. Primero mi pantalón y zapatos, o al menos un poco hasta llegar a casa, que entre el olorcito y las curvas casi me hacen acabar igual cuando llegué. Luego el fregoteo oportuno, todo esto por supuesto entre poner tareas de fin de semana, ojos llorosos que me miraban y nariz llena de mocos. Seguidamente a lavar a mano la ropa de N porque no se la iba a dar a la madre toda sucia. Así que a restregar y tender a sol. Luego hablar con la madre y explicarle la situación porque necesito que hable con N y le explique que yo tengo que estar con todos los niños y no con ella sola. La pobre mujer no sabía qué hacer. Desde luego no me iba a enfadar con nadie pero sí que le dije que tenía que explicárselo porque si no no me iba a dejar hacer nada en todo el año. Y por último mandarle la tarea a los demás. Hasta cansada estoy de recordarlo. Cuando todos se fueron me senté en mi silla, respiré hondo, recogí mis cosas y me fui. De camino, en el coche lo pensé: tengo que llevarme una muda al cole de pantalones, camiseta, y hasta bragas por si las moscas... El maletero del coche parecerá un armario.
Y luego dicen que los profesores no trabajamos, ¡manda narices el asunto! Pero, sinceramente, me da igual lo que piense la gente, me da igual que piensen que tenemos las vacaciones más largas, un sueldo bueno (discutible en muchos casos), media jornada laboral (que muchos ignoran lo que trabajamos por las tardes en casa) y otras tantas cosas. Y me da igual porque la satisfacción que sientes cuando a esa personita se le ilumina la cara de alegría porque ha hecho algo bien sin ayuda, esa personita crece y te dice que contigo todo era mejor, esa persona crece y te da su número de móvil para que la llames y, en definitiva, formas parte de su vida, esa satisfacción sólo la sentimos los que amamos nuestra profesión de enseñantes, educadores, cuidadores... y no sólo la amamos sino la disfrutamos y nos sentimos orgullosos de hacerlo. Mil veces más limpiaría mocos, lágrimas y desayunos vomitados si la recompensa es un "¡Qué guapa estás hoy!" o un "Gracias profe" o ese brillo especial en los ojos. Es una sensación casi indescriptible. Los que me conocen saben de lo que estoy hablando.
Y en fin, mañana a batallar de nuevo, a ver qué ocurre.
Y con esto y los celos....